Rusia como culto a la muerte: ¿quién respalda la teoría?
Un corpus creciente de estudios interpreta el putinismo como una religión política construida en torno al sacrificio, el sufrimiento histórico, la muerte militar y la destrucción de los enemigos. ¿Quién desarrolló este argumento y qué significa realmente?
Esta es la traducción proporcionada por WordPress del original en inglés (misma translationKey); no verificada de forma independiente frente a la capa de conocimiento de este repositorio.
Calificar a Rusia de “culto a la muerte” suena polémico. Sin embargo, la expresión describe una interpretación seria y cada vez más influyente del putinismo: una cultura política en la que el sacrificio, el sufrimiento histórico, la muerte militar y la destrucción de los enemigos se han convertido en fuentes de legitimidad.
No se trata de una teoría formal con un único fundador, ni de afirmar que los rusos posean alguna atracción innata por la muerte. La versión matizada es más acotada: el régimen de Putin ha construido una religión política que ofrece una muerte supuestamente dotada de sentido como compensación por una vida sin agencia política, prosperidad ni un futuro creíble.
Dina Khapaeva: la formulación más sistemática
La historiadora y socióloga nacida en Rusia Dina Khapaeva, profesora en Georgia Tech, es probablemente quien ha desarrollado esta tesis de forma más sistemática que nadie.
Khapaeva sostiene que la Rusia postsoviética fue adoptando progresivamente el desprecio por la vida individual, la fascinación por la crueldad y el castigo, la rehabilitación de Stalin, la nostalgia imperial y la glorificación del sacrificio por el Estado. En esta cosmovisión, la destrucción puede convertirse en una forma de purificación y la Segunda Guerra Mundial deja de recordarse principalmente como una catástrofe. Pasa a ser un objeto de culto.
Su punto crucial es cronológico: la invasión a gran escala de Ucrania no creó esta cultura; fue una de sus consecuencias. El putinismo ofrece a los rusos la posibilidad de una muerte supuestamente heroica o útil en lugar de una vida digna y políticamente significativa.
Su argumento se desarrolla en Putin’s Dark Ages: Political Neomedievalism and Re-Stalinization in Russia y se explica con especial claridad en la entrevista de Meduza “A military defeat is the only cure.” Dina Khapaeva, A military defeat is the only cure, Meduza (19 January 2023)unverified record Su libro anterior, The Celebration of Death in Contemporary Culture Dina Khapaeva, The Celebration of Death in Contemporary Culture, University of Michigan Pressunverified record, aborda un fenómeno internacional más amplio, pero aporta parte del trasfondo intelectual.
Andrey Makarychev: la muerte como validación del Estado
El politólogo Andrey Makarychev llega a una conclusión muy cercana a través de su análisis del “Estado retro” ruso y del “Homo Putinus”. Rusia, según su planteamiento, ha perdido sensibilidad ante la muerte porque su identidad política depende cada vez más de héroes muertos, guerras pasadas, martirio, sufrimiento colectivo y la disposición a sacrificar vidas presentes por una Rusia histórica imaginada.
Un Estado sin una visión del futuro convincente intenta habitar un pasado mitologizado. La muerte no solo se tolera: valida al régimen y confirma la grandeza imaginada de la nación. Makarychev resume esta postura en la entrevista “Russia has lost sensitivity to death. Death validates it now.” Andrey Makarychev and Robert Finch, Russia has lost sensitivity to death. Death validates it now., New Eastern Europe (9 May 2025)unverified record
Timothy Snyder: la política de la eternidad y la desaparición del futuro
El historiador Timothy Snyder no siempre utiliza la expresión exacta “culto a la muerte”, pero su concepto de política de la eternidad describe gran parte del mismo mecanismo.
En la política de la eternidad, el futuro desaparece. La vida política se convierte en un ciclo interminable de inocencia, victimismo y venganza. La nación está eternamente amenazada, sus enemigos la atacan eternamente, y la violencia se convierte en prueba de virtud nacional. La función del líder no es ofrecer un futuro mejor, sino interpretar el sufrimiento de la nación e identificar a los enemigos responsables de él.
Snyder ha subrayado la transformación de la victoria soviética de 1945 en un culto que combina el poder militar, los muertos de la guerra y el gobierno personal de Putin. Su ensayo “9 Theses on Putin’s Fascism for 9 May” Timothy Snyder, 9 Theses on Putin's Fascism for 9 May, Timothy Snyder (Substack) (9 May 2022)unverified record contrapone el culto ruso a la victoria y a los muertos con la comprensión más orientada al futuro de la historia por parte de Ucrania. Su marco más amplio aparece en The Road to Unfreedom y en sus escritos sobre el fascismo ruso.
Natalia Antonova: la apatía mantiene vivo el sistema
La periodista ruso-estadounidense Natalia Antonova utiliza la expresión de forma explícita. Su aportación consiste en mostrar que un sistema así no requiere una nación de fanáticos entusiastas.
En “Apathy Keeps Russia’s Death Cult Alive,” Natalia Antonova, Apathy Keeps Russia's Death Cult Alive, The Bulwark (6 October 2022)unverified record Antonova sostiene que el fatalismo, la indiferencia y la indefensión aprendida bastan: nada puede cambiarse; la gente siempre ha muerto; las autoridades saben más; para sobrevivir hay que callar. La adaptación pasiva puede sostener una ideología centrada en la muerte tan eficazmente como la creencia genuina.
El culto a la victoria, el sacrificio y la muerte
Un análisis sociológico ruso publicado por Re:Russia describe la ideología emergente del régimen como una combinación del culto al poder, la victoria, el sacrificio y la muerte. También aporta una matización esencial: esta ideología oficial no refleja necesariamente los valores privados de los rusos corrientes.
Muchas personas siguen preocupándose principalmente por la supervivencia familiar, la seguridad personal y la vida material. Por ello, el Kremlin debe fabricar y reproducir su ideología a través de la televisión, las escuelas, las ceremonias, los memoriales y los incentivos financieros. “La movilización de los desmovilizados” Ekaterina Schulmann, The Mobilisation of the Demobilised, Re:Russiaunverified record retrata a un Estado que ofrece a la sociedad una ideología centrada en la muerte, mientras gran parte de la sociedad responde mediante la evasión y el acatamiento pasivo, más que con entusiasmo.
Políticas de la memoria: de “Nunca más” a “Podemos hacerlo otra vez”
Una bibliografía académica más amplia respalda partes de esta interpretación sin utilizar necesariamente la expresión “culto a la muerte”. Nina Tumarkin, autora de The Living and the Dead: The Rise and Fall of the Cult of World War II in Russia; Julie Fedor; Maria Mälksoo; y los investigadores que estudian el Día de la Victoria, el Regimiento Inmortal y las leyes rusas de memoria han mostrado cómo el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una fuente de legitimidad estatal, de derecho a la violencia y de movilización permanente.
La transformación puede resumirse de forma tajante: “Nunca más” se convirtió en “Podemos hacerlo otra vez”. Los muertos ya no advierten a los vivos contra la guerra. Se les recluta simbólicamente para la siguiente.
La sacralización de la muerte militar
La Iglesia ortodoxa rusa añade una dimensión explícitamente religiosa. El patriarca Kirill declaró que los soldados rusos que mueren cumpliendo su deber militar reciben el perdón de sus pecados. Esto convierte la muerte en la guerra de Putin en un acto de expiación y presenta la obediencia al Estado como un camino hacia la redención.
Los investigadores describen esto como martirio militar-patriótico: una fusión de simbolismo ortodoxo, nacionalismo imperial, la Gran Guerra Patria y sumisión al poder del Estado. El lenguaje del pecado, la purificación y la gloria convierte pérdidas traumáticas en un sacrificio políticamente útil. Véase el reportaje de Associated Press sobre la declaración de Kirill Religion News Service (Associated Press wire report), Moscow patriarch: Russian war dead have their sins forgiven (27 September 2022)unverified record y este estudio académico sobre el martirio militar-patriótico University of California Press, Martyrological in Form, Military-Patriotic in Contentunverified record.
¿Qué pruebas respaldan esta interpretación?
- Putin’s statement that Russians would go to heaven as martyrs in a nuclear confrontation.
- Patriarch Kirill’s promise of forgiveness for soldiers killed in Ukraine.
- The state’s extraordinary tolerance for Russian military casualties.
- Payments that make a soldier’s death a source of family income and social advancement.
- The language of cleansing, purification and holy war.
- The omnipresence of dead-warrior imagery and the Immortal Regiment.
- The glorification of Wagner mercenaries and convicted criminals who died fighting.
- The conversion of Victory Day into the central civic-religious ceremony of the state.
- Nuclear rhetoric implying that global annihilation is preferable to a world without Russian greatness.
- The absence of any plausible positive vision for Russia after “victory.”
Una religión política, no un diagnóstico de todo un pueblo
La conclusión más defendible no es que “los rusos amen la muerte de forma natural”. Esencializar a todo un pueblo sustituiría el análisis por el prejuicio.
The Putin regime has constructed a political religion in which death, sacrifice, historical suffering and the destruction of enemies supply meaning and legitimacy that the state can no longer derive from prosperity, freedom or a credible future.
Sigue en disputa si los rusos corrientes han interiorizado de verdad esa religión. Muchos acatan por dinero, miedo, propaganda, resignación o la creencia de que resistirse es inútil. Eso no hace que la ideología sea inocua. Un culto a la muerte no necesita que todo el mundo crea. Necesita a suficientes personas para predicarlo, a suficientes instituciones para imponerlo y a una parte suficiente de la sociedad para dejar de objetar.
Como marco interpretativo del putinismo —especialmente en su forma posterior a 2022—, la tesis es poderosa. Dina Khapaeva ofrece su formulación más completa; Andrey Makarychev, Timothy Snyder, Natalia Antonova y los especialistas en políticas rusas de la memoria iluminan distintas partes de la misma estructura: un régimen incapaz de prometer una vida mejor, que se legitima cada vez más mediante una muerte dotada de sentido.